Las F-110 relanzan la posición mundial de Navantia en el mercado de fragatas

Los astilleros españoles compiten ahora en Estados Unidos por 20 buques de este tipo

La Armada de Australia fue la última que contrató un programa de fragatas a los astilleros públicos españoles. Lo hizo en el año 2007, y ese encargo llegó para ejecutar el diseño de los que serían los destructores más modernos de su Marina, los AWD, junto a la construcción de dos megabuques. Mientras que los colosos anfibios se construyeron en Ferrol, los barcos basados en las F-100 españolas se fabrican en Adelaida, bajo la gestión de Navantia. Con anterioridad, en el año 2000, la entonces llamada Bazán ganó un concurso internacional abierto por la Armada de Noruega para construir cinco buques, también basados en las F-100 españolas.

Fueron los grandes hitos para la exportación de ese modelo, que ahora Navantia prevé reeditar con las futuras F-110 autorizadas ayer por el Consejo de Ministros, con una inversión de 4.300 millones y una previsión de crear 7.000 puestos de trabajo.

Este año, la compañía que preside Susana de Sarriá ha sufrido dos varapalos en otras tantas licitaciones, en Australia y Canadá, en donde aspiraba a construir una veintena de fragatas. Pero la apuesta del Ministerio de Defensa español por desarrollar junto a Navantia su fragata más avanzada (esas nuevas F-110) supone un salto cualitativo en el diseño y los procesos y mejora el posicionamiento de la compañía a nivel internacional. En concreto, el foco lo tiene puesto, en cuanto al mercado de fragatas se refiere, en Estados Unidos.

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